La inflación en España se disparó hasta el 4,9% en septiembre de 2026, seis décimas más que en agosto y su nivel más elevado desde febrero de 2023. El fuerte encarecimiento de los carburantes y de la energía ha vuelto a situar los precios en el centro de las preocupaciones económicas, mientras la inflación subyacente también repunta.
El dato adelantado del Índice de Precios de Consumo (IPC) confirma una aceleración considerable respecto al 4,3% registrado en agosto. La evolución de gasolina y diésel ha sido el principal factor detrás del aumento, aunque también han contribuido otros componentes como los alimentos no elaborados y los paquetes turísticos.
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El IPC alcanza su nivel más alto desde febrero de 2023
El avance hasta el 4,9% interanual devuelve la inflación española a niveles que no se observaban desde hace más de tres años.
En términos mensuales, los precios aumentaron aproximadamente un 0,3% respecto a agosto, mientras que el índice armonizado utilizado para realizar comparaciones con otros países de la Unión Europea se situó alrededor del 5%.
| Indicador | Septiembre de 2026 |
| Inflación interanual | 4,9% |
| Inflación en agosto | 4,3% |
| Inflación subyacente | 3,1% |
| Productos energéticos | +21,6% |
| Alimentos no elaborados | +5,8% |
| Servicios | +3,9% |
Se trata todavía de una estimación adelantada, por lo que los datos definitivos deberán confirmar estas cifras posteriormente.
Los carburantes explican buena parte de la subida
El comportamiento de gasolina y diésel ha sido determinante en el fuerte aumento del IPC.
Los carburantes se encarecieron durante septiembre de 2026, mientras que en el mismo mes de 2025 habían registrado descensos. Esa diferencia genera un efecto base que amplifica la subida de la tasa interanual.
El encarecimiento energético está relacionado con las tensiones internacionales que afectan al mercado del petróleo y al suministro de combustibles.
Los productos energéticos registraron una subida interanual aproximada del 21,6%, convirtiéndose en el componente que más presión está ejerciendo sobre los precios.
La inflación subyacente también sube hasta el 3,1%
El repunte no se limita exclusivamente a la energía.
La inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados por su mayor volatilidad, aumentó dos décimas durante septiembre y se situó en el 3,1%.
Este indicador sirve para observar hasta qué punto el incremento de costes comienza a extenderse hacia el resto de la economía.
Su evolución resulta especialmente relevante porque una subida prolongada de la energía puede terminar trasladándose a numerosos productos mediante los costes de transporte, producción y distribución.
Los alimentos frescos suben un 5,8%
Los consumidores también están notando una nueva aceleración en determinados productos básicos.
Los alimentos no elaborados aumentaron un 5,8% interanual en septiembre, frente al 4,5% que habían registrado durante agosto.
Esta evolución añade presión sobre el presupuesto de los hogares, ya afectados por el incremento de los costes relacionados con el transporte y la energía.
El comportamiento de los alimentos constituye uno de los factores más sensibles para las familias porque afecta directamente al gasto cotidiano y tiene un peso considerable en las economías con menor renta disponible.
Los servicios se mantienen en el 3,9%
La evolución de los servicios ofrece, por el momento, una imagen algo más estable.
Los precios de este grupo aumentaron alrededor de un 3,9% interanual, una tasa elevada pero que prácticamente no ha variado desde mayo.
Esta estabilidad puede ser relevante para determinar si el shock energético permanece concentrado principalmente en determinados productos o termina extendiéndose con mayor intensidad al conjunto de la economía.
También los paquetes turísticos contribuyeron al comportamiento del IPC durante septiembre, debido a que sus precios disminuyeron menos que en el mismo periodo del año anterior.
El Gobierno prepara nuevas medidas ante el repunte de los precios
La fuerte subida de la inflación ha llevado al Gobierno a reforzar las medidas destinadas a limitar el impacto del encarecimiento energético sobre hogares y empresas.
Entre las actuaciones previstas figura limitar el incremento de la tarifa regulada de gas, con el objetivo de evitar un aumento especialmente intenso de las facturas durante los meses de otoño e invierno.
También se contempla establecer un máximo para el precio de la bombona de butano, utilizada todavía por numerosos hogares españoles.
A estas medidas se suma la continuidad de determinadas ayudas y reducciones fiscales relacionadas con los combustibles y la energía.
El gas y el butano, en el centro del nuevo paquete anticrisis
Una de las principales preocupaciones es evitar que el encarecimiento internacional de la energía se traslade íntegramente a los consumidores.
El Ejecutivo plantea limitar al 15% el incremento de la Tarifa de Último Recurso (TUR) del gas, utilizada por aproximadamente tres millones de hogares.
También se ha planteado fijar alrededor de 19,55 euros el precio máximo de la bombona de butano.
Las medidas buscan contener los gastos energéticos de las familias precisamente cuando comienza la temporada en la que aumenta el consumo de calefacción.
El precio del petróleo condicionará los próximos meses
La evolución futura de la inflación dependerá en buena medida del comportamiento del petróleo y de los mercados energéticos internacionales.
Las tensiones geopolíticas y las dificultades de suministro han impulsado el precio del crudo durante los últimos meses, encareciendo posteriormente los carburantes.
El problema no se limita al coste directo de llenar el depósito. Un combustible más caro aumenta los gastos del transporte de mercancías, la agricultura y numerosas actividades industriales.
Si esa situación se prolonga, las empresas pueden trasladar parte del aumento de costes al precio final de sus productos.
Qué supone una inflación del 4,9% para los hogares
Una tasa de inflación del 4,9% significa que, de media, los bienes y servicios incluidos en el IPC cuestan casi un 5% más que hace un año.
El impacto real no es idéntico para todas las familias.
Los hogares que utilizan con frecuencia el automóvil o destinan una parte elevada de sus ingresos a alimentación y energía pueden experimentar un incremento de gastos superior al reflejado por la tasa general.
La pérdida de poder adquisitivo dependerá también de cuánto aumenten salarios, pensiones y otras fuentes de ingresos durante el mismo periodo.
España afronta un otoño marcado por la energía
El salto desde el 4,3% de agosto hasta el 4,9% de septiembre confirma que la inflación vuelve a ser uno de los principales riesgos para la economía española.
El comportamiento de la energía será decisivo durante los próximos meses. Si los precios del petróleo y los combustibles continúan elevados, el IPC podría mantenerse en niveles altos durante buena parte del final de 2026.
La clave estará en comprobar si el shock permanece concentrado en carburantes y energía o empieza a trasladarse de forma más intensa al resto de bienes y servicios. El repunte de la inflación subyacente hasta el 3,1% convierte esa evolución en uno de los datos económicos que habrá que seguir más de cerca durante el otoño.
