Donald Trump Senado

Donald Trump. Foto de whitehouse.gov

Trump no se compromete con una transición pacífica del poder si pierde

El presidente amenaza que el Supremo decidirá el resultado y los mismos republicanos que la subsanen

Primero como aspirante, ahora como presidente. El 2016, a las puertas de las elecciones que lo llevaron a la Casa Blanca, Donald Trump sembró dudas sobre si aceptaría los resultados electorales. Después de minar la confianza en la legitimidad del proceso, se comprometió a aceptarlos sólo si ganaba. Y ganó. Este año, desde la presidencia, ya 39 días de la votación que decidirá si es reelegido o cede el testigo al demócrata Joe Biden, Trump ha intensificado los ataques contra el proceso electoral. Sigue insistiendo, sin pruebas, que el voto por correo es garantía de fraude. Y en la madrugada dio un paso más al no comprometerse con una transición pacífica del poder en caso de derrota.

Sólo habrá paz, dijo, si se para el voto por correo. “Entonces, de hecho, no habrá traspaso, francamente, habrá una continuación”, dijo, insinuando una vez más que sería imposible que perdiera unas elecciones limpias.

Mientras Trump sigue a su, deslegitimando los resultados de antemano y denunciando una imaginaria conspiración demócrata, los republicanos hacen equilibrios para reconducir el mensaje sin molestar el máximo mandatario. El líder conservador del Senado, el veterano Mitch McConnell, se limitó a garantizar a través de Twitter que “habrá una transición ordenada como ha sido cada cuatro años desde el 1792”. Pero evita criticar Trump.

Mucho más contundente fue el senador Mitt Romney -el único republicano que votó contra Trump en el fallido impeachment -, que comparó las amenazas de la Casa Blanca con los eventos de Bielorrusia. “Cualquier sugerencia de que un presidente podría no respetar esta garantía constitucional es tan impensable como inaceptable”, sentenció Romney en un comunicado.

El rival de Trump en noviembre, Joe Biden, reaccionó con sorpresa. “¿En qué país estamos? Mirad, dice las cosas más irracionales. No sé qué decir “. Quien sí tuvo una respuesta contundente fue el rival de Biden en las primarias demócratas, el senador Bernie Sanders, que en un mensaje televisado advirtió ayer contra las” tendencias autoritarias “del líder estadounidense: “la elección no es entre Donald Trump y Joe Biden. es entre Donald Trump y la democracia”.

Urnas o tribunales

El presidente sigue sembrando dudas sobre las elecciones mientras, a su vez, da pasos para intentar garantizarse en los tribunales una victoria que quizás le nieguen las urnas. El sábado anunciará el nombre de la sucesora de la difunta juez progresista Ruth Bader Ginsburg en el Tribunal Supremo con el propósito, según admitió, que sea este organismo el que decida el resultado electoral. “Creo que esto acabará en el Tribunal Supremo”, predijo Trump miércoles.

Si consigue situar su tercer nominado en la máxima institución judicial del país, el presidente confía en que la mayoría conservadora de seis jueces ante tres progresistas le garantice la reelección. Con las prisas para sustituir Bader Ginsburg, muestra desconfianza en el papel del presidente del Supremo, John Roberts, que en algunos casos clave para la administración Trump ha decantado por votar junto a los progresistas. Según Trump, si el Tribunal tuviera que pronunciarse sobre los resultados del 3 de noviembre, “debería ser ocho a cero o nueve a cero” en su favor. “Pero sólo en caso de que [el Tribunal] fuera más político de lo que debería ser, es muy importante que tengamos un noveno juez”, ha apuntado.

El mandatario ha ido al Tribunal Supremo junto a la primera dama, Melania Trump, a rendir tributo a la juez Ruth Bader Ginsburg. Apenas permaneció unos segundos ante el féretro mientras se imponían las voces de decenas de ciudadanos que se habían acercado a la despedida y protestaban contra su presencia con gritos de “Vote por echarlo!” También le llamaron: “Honra su deseo!”, Una referencia a la petición que la juez hizo antes de morir que la elección de su sustituto o sustituta debía quedar en manos de quien gane las presidenciales.

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