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Olivia de Havilland.

Olivia de Havilland, la última actriz superviviente del Hollywood clásico, muere a los 104 años de edad

Olivia de Havilland cumplió 104 años el 1 de julio en París, ciudad donde se trasladó a mediados de los años cincuenta tras casarse con Pierre Galante, editor de la revista Paris Match, Que conoció en un festival de Cannes y con el que continuó viviendo tras separarse en 1979. Ella ha sido la última esperanza en cuanto a la posibilidad de que el Hollywood clásico procurase una inmortalidad real más allá de aquella que conceden las imágenes cinematográficas que se habitante de fantasmas. Ha logrado vivir más que su hermana Joan Fontaine, muerta en 2003 a los 96 años, y las malas lenguas dicen que esto debía hacerla feliz al final de su vida, ya que había mantenido una firme enemistad, por no decir una relación de odio, durante cuatro décadas. Pero finalmente la muerte también ha llegado a la célebre intérprete de Melanie Hamilton, que, Lo que el viento se llevó, Es envidiada por Scarlett O’Hara porque su amado primo Ashley cree que es una mujer que le conviene más y, a pesar de algunos momentos de debilidad, le es fiel.

Si no me equivoco o cometo algún olvido, Olivia de Havilland era la última actriz superviviente del Hollywood clásico. No ser una diva ni una estrella. No tenía el físico deslumbrante con el que activaba la máquina del glamour. Pero encontró o creó un agujero lo suficientemente ancho para hacer notar su presencia. Es posible que su personaje de la dulce y bondadosa Melanie, incapaz de odiar Scarlett sin hacer caso de los fundamentados rumores sobre su insistencia para seducir Ashley, haya perdurado más que otros en el imaginario cinéfilo, cada vez más debilitado, desmemoriado y menos transmitido, pero la actriz Olivia de Havilland tiene una fuerza y un carácter más allá de su personaje en lo que el viento se llevó, Que vete a saber si ha adquirido una vida renovada desde que la plataforma HBO ha anunciado que quiere hacer presente que idealiza el esclavismo.

El caso es que Hollywood es más complejo de lo que puede parecer. Incluso con respecto a Lo que el viento se llevó . Lo comentábamos hace poquísimos días con Núria Bou, profesora y teórica del cine, que sigue pensando sobre la representación de la feminidad desde que publicó Diosas y tumbas: mitos femeninos del Hollywood clásico , mientras aún imaginábamos que Olivia de Havilland viviría para siempre. Ella me decía que, intentando sobrevivir ambas en la guerra de Secesión, Scarlett mata a un saqueador que ha entrado en la mansión de Tara, pero es a la bonhomiosa Melanie a quien se le ocurre coger la bolsa del muerto, donde hay dinero, y quitarse la camisa de dormir (evidentemente, sólo se le ven los pies en su desnudez) para limpiar la sangre.

Podría suponerse que otros personajes suyos, tales como aquellos que de alguna manera se mantienen fieles a los héroes aventureros encarnados por Errol Flynn todo esperándolos en varias películas compartidas, representan la pasividad y la paciencia doméstica ligada a una idea de la feminidad tan propagada por el cine clásico. Pero no siempre es así exhibiendo un carácter decidido.

Puede suponerse en el caso de la briosa Lady Marien a Las aventuras de Robin Hood (1938), de Michael Curtiz, que unos años después dirigió Casablanca . También el Arabella de El capitán Blood (filme de 1935 también dirigido por Curtiz en el que, cuando sólo tenía 19 años, asumió su primer papel protagonista en compañía de Flynn) es una mujer bastante decidida e intrépida que se rebela la contra su tío para tomar partido contra un pirata, que lo es a causa de una injusticia, sin dejar de enfrentarse a él cuando la secuestra por un equívoco. Incluso no hay pura sumisión en el caso de Elizabeth Bacon, que esperando el general Custer que vuelva de matar indios a Murieron con las botas puestashasta que podríamos decir que el hombre muere merecidamente en la batalla de Little Big Horn.

Olivia nacio en Tokio, y sus padres (Walter de Havilland y Lillian Fontaine) se trasladaron a Estados Unidos. El motivo fue que el padre se estableció como abogado. Un año después de que ella, nació Jean. Al poco, los padres se separaron y, con la madre y la hermana, se instalaron en California, en un pueblo llamado Saratoga, con la recomendación de que el clima era conveniente para las dos hijas, que tenían una salud delicada, pero que, dada su longevidad, van adquirir una de hierro. Recibieron una educación artística y, como es sabido, ambas hicieron carrera en el cine. En el caso de Olivia, antes se inició en el teatro y el prestigioso director alemán Max Reinhardt (trasladado a EEUU debido al nazismo emergente) se fijó en una representación deEl sueño de una noche de verano en la que interpretó el duende Puck. Poco después, Reinhardt, con la colaboración de William Dieterle, adaptó al cine esta obra de Shakespeare y ofreció a Olivia de Havilland el papel de Hermia. Así, en 1935, debutó en Hollywood. Poco después intervino en dicha El capitán Blood .

En sus años en Hollywood, se hizo amiga de Ronald Reagan, con el que compartía un activismo anticomunista. Sin embargo, aparte de su conservadurismo político, Olivia de Havilland demostró personalmente su carácter insumiso cuando, en 1943, se enfrentó a la Warner Bros., que, como era propio de la política de los estudios, le impedía elegir los papeles. Va demandarla amparándose en la llamada ley antipeonatge, que, inspirada en el código napoleónico, prohibía a los patrones reducir sus trabajadores a la servidumbre.

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