Tatuaje

El “boom” de la industria de los tatuajes después del confinamiento

A pesar de haber sido una industria bastante azotada por las consecuencias de la Covid-19, tras los meses de confinamiento, poco a poco ha ido resurgiendo siendo en la actualidad uno de los sectores en España que más ha triplicado sus ganancias.

Desde hace años, los tatuajes están a la orden del día y es que, la moda por imprimir tinta en la piel cada vez es más popular. Si antiguamente, los tatuajes se relacionaban con expresidiarios o marineros. Ahora, es raro no ver a alguien con alguna imagen en su cuerpo, independientemente del colectivo al que pertenezcas o del rango laboral y social que se tenga.

Lo cierto es que, durante mucho tiempo, la industria de los tatuajes ha estado en constante crecimiento, un crecimiento que se vio frenado en seco por culpa de la pandemia. Sí, la llegada de la Covid-19 a España y el resto del mundo, hizo que los muchos estudios de tatuajes tuvieran que cerrar sus puertas sin que, en ese momento, se supiera qué futuro iban a tener este tipo de negocios.

No hay que olvidar que, las herramientas habituales que utilizan los tatuadores, como agujas, tintas o guantes, experimentaron un crecimiento en su valor económico, debido a que, en otros sectores, hacían más falta que nunca. Lógicamente, la falta de personal, la prohibición de abrir los locales y el alto coste de estos materiales, hacía presagiar que esta industria estaba destinada al fracaso.

Sin embargo, todo cambiaría a partir del 2 de mayo de 2020, cuando comenzaron a abrirse las puertas de muchos establecimientos. Al igual que ocurrió en otros sectores, los tatuadores también tuvieron que reinventarse, aunque lo cierto es que no les hizo falta mucho, puesto que se vio un crecimiento en la demanda por parte de la población.

¿Por qué este aumento en la demanda?

Si bien, hay quienes siempre han querido tatuarse y lo seguirán haciendo, tras el confinamiento, muchas personas han pedido cita a algún estudio con el fin de dejar una marca de por vida en su piel. ¿Las razones? Pueden ser muchas y es que, en esos meses tan duros, cada una ha tenido una experiencia propia y, sobre todo, se ha tenido mucho tiempo para imaginar y darle a la creatividad.

Es por todo ello por lo que ahora, la industria de los tatuajes está más viva que nunca, sabiendo que, según los últimos datos oficiales, los estudios que han logrado sobrevivir en España han duplicado e incluso triplicado sus ganancias en este último año.

Adaptarse a la nueva normalidad

Por supuesto, la industria de los tatuajes ha tenido también que adaptarse a la nueva normalidad, de hecho, ahora ir a uno de estos estudios, no es como antes. Entre otras cosas, porque hay que pedir cita previa, por lo que ya no vale ese impulso repentino de acudir a uno de estos locales.

También se llevan a cabo tareas de desinfección diarias y por supuesto, se utilizan materiales que, aunque antes eran habituales, ahora son totalmente obligatorios, como por ejemplo, el gel hidroalcohólico o los guantes desechables para proteger las manos frente a ciertos químicos como es el caso de las diversas tintas que se utilizan para tatuar.

El caso es que algunos de estos materiales han aumentado su valor, como todo lo relacionado con la esterilización o los propios guantes, de ahí que la industria también, en ocasiones, haya tenido que aumentar el coste de sus servicios.

De igual modo, muchos tatuadores también se han decantado por abrir estudios más privados para poder mantener la distancia y ofrecer la seguridad que corresponde en estos tiempos y dar un giro a sus agendas que están totalmente masificadas.

Crecimiento constante

Si bien este sector ha experimentado un gran auge en los últimos meses, lo cierto es que la industria del tatuaje presentaba un crecimiento constante desde el 2003, aproximadamente. De hecho, según datos de la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales, conocida como UNTAP, el volumen del negocio ha aumentado bastante y hoy en día, se calcula que entre un 12% y un 15% de la población cuenta con un tatuaje o piercing, estimándose que, de manera anual, estos profesionales pueden llevar a cabo en torno a un millón de tatuajes.

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